Rayden: “Me he quitado el miedo a ser un padre ausente y volveré a la música, pero no es por ‘marketing”
El artista, que anunció por sorpresa su retirada definitiva hace dos años, se desdice y reflexiona sobre su desencanto con el Benidorm Fest, la familia o el machismo: “Señalé a gente en redes sociales por moralina”


Este tiempo alejado de los escenarios, Rayden (Alcalá de Henares, Madrid, 39 años) se ha reconciliado con su yo de ayer. Con David Martínez, a secas. Al encerrarse a escribir, primero, y viajar a Nepal, después, ha sanado sus heridas de la infancia. Esas que le llevaron a retirarse en su mejor momento por miedo a que su hijo le culpara. Las del “justiciero” que incendiaba las redes porque era lo que esperaban de él. Y las del rapero que empezó en la música para sentirse querido. “Me he dado cuenta de que siempre he sido salvador y complaciente en mi forma de relacionarme con los demás. Y eso me estaba agobiando”, explica en el salón de su casa. Allí, con la guitarra vigilándole, ha escrito su tercera novela, El taller de los niños interiores (Suma). En ella, ajusta cuentas con su pasado a través de cinco personajes que, tras tocar fondo, se perdonan a sí mismos. Los errores, los miedos y las contradicciones.
P. Un viaje espiritual a Nepal. ¿Tiene la crisis de los 40?
R. No, creo que no, tampoco tuve a los 30, pero hay actitudes que veo que hacen hombres de mi edad que no entiendo y que justifican con la crisis de los 40... A mí también me gustaría cagarla y escudarme en eso.
P. ¿Cómo cuáles?
R. Los que tienen síndrome de Peter Pan e intentan estar con chicas a las que doblan la edad... Una cosa es el amor, pero cuando se utiliza como modus operandi, a lo mejor tenemos que analizar qué ocurre.
P. ¿Y qué ocurre, en la música, para que pase eso?
R. Pasa en el mundo del arte, en general. Está lleno de eternos inseguros que intentan validarse a través de sus obras y que utilizan dinámicas de poder, estableciendo relaciones totalmente verticales.
Volveré a la música para expresarme, pero no a los tiempos que demanda la industria”
P. Antes de retirarse, dijo: “Lo que se siente encima de un escenario es mejor que el sexo”. ¿Lo echa de menos?
R. Los escenarios, no, pero la música... [Hace una pausa y duda]. En Nepal, tuvimos una meditación basada en “dar voz” y me hice esta pregunta: “¿Si me quitase los miedos de ser un padre ausente y de no estar a la altura del público seguiría haciendo música?”. La respuesta fue “sí”. Aunque no volveré a los tiempos que demanda la industria.
P. Aseguró que el fin de su carrera musical era “definitivo”. Algunos pensarán que no fue sincero...
R. Los que me tengan tirria lo criticarán... No es por marketing, no voy a anunciar ninguna gira, disco o single. Prefiero desdecirme por algo bonito como esto a excusarme en que he cambiado. Tomé esa decisión porque tenía miedo de que mi hijo se olvidase de mí al pasar tanto tiempo fuera de casa. Recuerdo estar en Latinoamérica y verle pixelado por videollamada, como una mancha. Ahora me he quitado la capa de padre y me he dado cuenta de que está orgulloso de mí. Cuando vuelva, lo haré para expresarme, pero sin pensar en los requerimientos del oficio. No quiero negar una cosa [la música] que me hace bien.
P. ¿Ha escrito ya alguna canción?
R. Tengo una, pero no voy a sacar nada de momento y cuando sea será de forma orgánica.
P. ¿De qué habla esa canción?
R. Buah, me van a matar por contarte esto. Trata de todos los cambios que he tenido este tiempo. Con Delaporte, en Nepal, también he compuesto tres canciones. Todavía no sabemos qué vamos a hacer con ellas...
Yo culpaba a mi padre por no haber estado conmigo lo suficiente”
P. Y eso que nunca tuvo verdadera vocación por la música.
R. No, nunca soñé con hacer canciones. Fíjate, era más feliz si en el Viña Rock había fiambre de pavo en el cáterin que cuando me notificaban que había sido número 1. No sentía orgullo o alegría, sino que lo primero que pensaba era que eso me iba a servir para que la discográfica invirtiese más. Tengo una relación rara con el éxito.
P. En la novela, habla de que tenemos dos niños interiores: el de las luces y el de las sombras. ¿Cuáles son sus sombras?
R. Tengo una herida de rechazo y abandono muy grande. Culpaba a mi padre de no haber estado conmigo lo suficiente. Era administrativo y trabajaba mucho y, aún así, tenía la suerte de verle para comer todos los días. También, fui un hermano pequeño que no encontraba su hueco. En este viaje, he matado a mi padre para volver a amar al hombre. Porque, muchas veces, le he señalado por cosas que a un amigo le hubiese perdonado a los cinco minutos.
P. También parece que ha matado a su propia culpa.
R. Sí, ahora solo me disfrazo de tutor moral de mi hijo. Me he desquitado de ser full time papi [Ríe].
Si se liberase el tabú sobre el MDMA, nos daríamos cuenta de que puede ser una alternativa de terapia”
P. La psicóloga de su novela realiza un retiro de conciencia expansiva con MDMA para que los protagonistas exploren sus traumas de la infancia. ¿Lo ha probado?
R. Con MDMA no, pero sí con psilocibina. ¡Después del libro no sé si me animaré! Tengo reticencias con el uso de drogas porque he perdido a gente por ello, pero en aquella experiencia descubrí la neuroplasticidad. Sentí que mi yo adulto entablaba conversación con mi yo niño. Y se me quitó el vértigo que tenía desde pequeño.
P. El consumo habitual de éxtasis está asociado a trastornos depresivos, ataques de pánico, ansiedad... Es paradójico.
R. Bueno, no es lo mismo el uso recreativo que hacerlo en un momento puntual con asistencia médica, supervisión, parámetros de selección de los pacientes y un propósito. He visto a gente con ideas autolesivas que lograba perdonarse o mujeres que han sufrido abusos sexuales que han dejado de tener vaginismo. Si se liberase el tabú, dentro de 50 años, quizás nos daríamos cuenta de que puede ser una alternativa de terapia.
P. ¿Teme que se le echen encima los psicólogos?
R. Sí, seguro. También los de la sanidad de las altas esferas, donde hay mucho señoro de mente imposible de cambiar, pero no soy terapeuta. Aunque para escribir la novela he hablado con varios y cuando la he terminado también me la han revisado.
Si eres un hombre y quieres ser popular, tienes que conquistar. Si, como mujer, haces lo mismo, te van a llamar zorra”

P. ¿Se considera un hombre deconstruido?
R. Intento revisarme lo feo... Más bien, soy un hombre despierto. Una vez una mujer me dijo: “Mucho hombre deconstruido, ¡pero bien mujeriego que eres!”. No tiene nada que ver, pero sí es cierto que la baraja está desnivelada. Si eres un hombre y quieres ser popular, tienes que conquistar. Si, como mujer, haces lo mismo, te van a llamar zorra.
P. Se habla mucho del Me Too en el cine, ¿lo hay al mismo nivel en la música?
R. Sí. Yo respiro porque nunca sale mi nombre y pienso: “¡Qué guay haber dejado buen poso!”. Hay hombres que se han comportado de una forma en el sexo y como la persona que tenían enfrente se calló pensaban que estaba bien... Yo, por ejemplo, siento que en este último año he evolucionado más que en toda mi vida, pero hay que depurar la forma de acusar para no errar el tiro. Porque esto se puede convertir en una caza de brujas. Somos una sociedad totalmente inmadura con el uso de las redes sociales y estamos aprendiendo. Yo cada vez las entiendo menos.
P. ¿Por qué?
R. Porque las redes potencian vivir de la impresión que los demás tienen sobre nosotros. Muchas veces, señalé a gente porque yo estaba a determinados pasos de convertirme en eso que representaban y los señalaba para distanciarme, por miedo a que me señalasen a mí... Creo que en eso tengo que entonar el mea culpa. Algunos colegas me decían: “¡Es que siempre te mojas!”. Era porque esperaban de mí una vena justiciera, pero una cosa es tener un punto de vista crítico y otro la moralina. Por ejemplo, con lo de Rubiales dediqué un post con un tochaco de texto hilando el tema con Pablo Motos. ¿Quién me nombró altavoz?
No he escuchado la nueva versión de ‘Esa diva’ de Melody”
P. Dígame la razón por la que ha renunciado realmente a ser asesor de Benidorm Fest.
R. Porque no me compensa. Cuando al sector eurofán no les gusta algo lo viven de manera nociva. Sentía que cada vez tenía menos mano y que mi idea de festival estaba sepultada por la de otras personas.
P. ¿Por qué no se presentan grupos o artistas consolidados?
R. Porque España es un país inseguro. En Francia, el top 50 es música francesa. En Italia, el top 20 son italianos. Aquí hay un batiburrillo y lo que menos se escucha es música española. Cualquier persona que viene de fuera es “¡Bienvenido Mr. Marshall o bienvenida Mrs. Taylor Switf!”. Hay mucho complejo con lo nuestro y estamos esperando a tirar por la borda el trabajo de un artista. Como te presentes a Benidorm Fest y no lo hagas bien, puedes dinamitar tu carrera.
P. ¿Qué le parece la nueva versión de Esa diva?
R. No la he escuchado, te lo juro. Para mí fue raro que ganase alguien que prometía que iba a cambiarlo todo.
P. ¿Quién le hubiese gustado que ganara en vez de Melody?
R. Viendo cómo fue el festival y lo que estaban llevando los otros países, hubiese estado entre Kuve, Mel Ömana, J Kbello o Daniela Blasco.
P. Novelista, rapero, poeta, músico, presentador... ¿Ahora qué es?
R. No lo sé... Si me pongo solemne puedo decir que soy “una persona que tiene inquietud por la palabra”. Soy curioso, me gusta crear y llevar fuera lo que tengo dentro. Ahora, me dedico a jugar. Estoy en un punto disfrutón.
P. ¿Un consejo a su yo de ayer?
R. No tienes que salvarte ni a ti mismo, pero sé tierno contigo y con tu entorno. Somos amables para que los demás nos quieran, pero la ternura es un valor de fábrica.
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