J. R. Zapatero: “Elijo ser optimista tecnológico, porque la inacción miedosa ante este cambio apasionante sería un error imperdonable”
Vivió en carne propia la fiebre (y la burbuja) de Internet. Fue precursor de la transformación digital al frente de empresas como Yahoo! y Google. Y ha regresado al origen: a la formación del talento tecnológico. Desde esta experiencia, revisa los errores y aciertos del primer cuarto del siglo XXI y habla del futuro

Para Javier Rodríguez Zapatero, el boom digital prometía “un mundo más abierto, productivo y democrático en el acceso al conocimiento y la información”. Se ha cumplido y queda por hacer a la vez, avanza o se pausa en un equilibrio constante. Quieres un producto, basta un clic. Somos más productivos, pero perdemos pensamiento crítico. Teletrabajamos a costa de la motivación presencial. Su balance es optimista, no obstante: una actitud clave para corregir lo pendiente y apurar la quinta revolución digital que comenzó en 2024.
El comienzo de la digitalización no fue precisamente fácil...
Internet era una promesa y pronto se convirtió en un fiasco. En 2001 la burbuja explotó y todo el mundo huyó despavorido. El dinero es cobarde. Pese a aquello, no perdí la esperanza que alimentaba aquel sueño digital y me quedé en el barco. Aunque más lentamente de lo deseado, la digitalización ha actuado como un catalizador esencial para el crecimiento. La economía digital va a superar con toda seguridad el 27% del PIB en 2025. El comercio electrónico superará por primera vez los 100.000 millones de euros. El desarrollo de modelos de negocio basados en plataformas digitales que no existían hace 15 años y el crecimiento de las telecomunicaciones han contribuido a esta expansión del PIB.
“Los próximos 15 años serán decisivos para saber quién lidera la quinta revolución, la de la IA”
¿En qué pilares se ha basado esa contribución que menciona?
La automatización de tareas y el análisis de datos han mejorado la toma de decisiones empresariales y la productividad. Sin embargo, se han concentrado en las grandes empresas mientras las PYMES han desaprovechado una oportunidad crucial. Seguimos teniendo una oportunidad enorme ahí. La digitalización ha generado nuevas oportunidades de empleo. Sin embargo, es paradójico que en 2024 se dejaran de cubrir 250.000 puestos de trabajo relacionados con las habilidades digitales. Queda mucho por hacer en formación y generación de talento. Mi mayor frustración es constatar que no tenemos una educación pública enfocada y preparada para los retos del siglo XXI. Además, ha mejorado la eficiencia en la prestación de servicios y la administración electrónica ha aumentado la transparencia y la accesibilidad. Con la disrupción de la IA sería posible la quimera de una ventanilla única donde el ciudadano pueda realizar todos sus trámites, menos casarse.
¿Existen asimetrías pendientes?
La persistencia de la brecha digital limita el acceso equitativo a las oportunidades. La automatización de procesos productivos plantea el riesgo de exacerbar las desigualdades laborales y la polarización de los salarios. La interconexión digital trae una mayor exposición a riesgos cibernéticos, lo que exige inversiones sustanciales en infraestructuras de seguridad y el desarrollo de marcos regulatorios. La proliferación de noticias falsas y la manipulación de la información desafían la estabilidad democrática y la confianza en las instituciones. Esto subraya la necesidad de fomentar la alfabetización digital y el pensamiento crítico, no la prohibición de todo como arma para decidir que es bueno o malo en lugar de que la sociedad decida.
¿Qué nos van a deparar las siguientes fases?
La cuarta revolución industrial concluyó en 2024 con un claro vencedor: las grandes compañías estadounidenses, cuya capitalización bursátil es diez veces el PIB de España. Los próximos 15 años serán decisivos para determinar quién lidera la quinta revolución, la IA. En un mundo donde la geopolítica, la geoeconomía y la geotecnología son cruciales, la futura generación de riqueza, esencial para nuestro estado de bienestar, dependerá inexorablemente de la IA. China y EE UU parecen llevar la delantera pero, al democratizarse los algoritmos y optimizarse los costes de computación, la IA premiará a quienes mejor la comprendan y sepan innovar sobre ella. Al igual que Google, Microsoft y Amazon revolucionaron Internet, surgirán empresas que, aprovechando ese potencial de la IA, resolverán grandes desafíos de la humanidad. ¿Por qué no europeas o españolas? Para lograrlo debemos priorizar la alfabetización digital de ciudadanos y empresas, construir un mercado tecnológico común y armonizar las condiciones para que las innovaciones europeas tengan su primer campo de pruebas en casa. Este acuerdo es tan vital, o más, que los esfuerzos en materia de defensa.