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Un Alcaraz resolutivo hacia la feliz rutina de las semifinales

El español vence por 6-3 y 7-6(4) al aguerrido Cerúndolo, abandonando el fondo y lanzándose a la red, y alcanza por cuarta vez seguida la penúltima ronda del torneo

Carlos Alcaraz celebra la victoria contra Cerúndolo en la central de Indian Wells.
Alejandro Ciriza

Si la idea sigue adelante, puede ir rascándose Carlos Alcaraz el bolsillo. “¿Debería comprarme una casa aquí?”, se pregunta el español después de batir a Francisco Cerúndolo (6-3 y 7-6(4) y acceder por cuarta vez consecutiva a las semifinales de Indian Wells, marco de lujo y grandes fortunas; Larry Ellison y Bill Gates, sin ir más lejos, suelen ser dos fijos en las gradas entre otros muchos con profundidad en la chequera. El caso es que el murciano dice sentirse como en casa en el desierto californiano, testigo esta vez de una versión menos brillante (o apabullante) y más trabajadora del tenista, exigido de principio a fin por el argentino y las diabluras del factor climatológico; sopla otra vez con fuerza el viento —doce desapacibles grados, abrigos y rebecas para protegerse— y la pelota del rival esta vez sí hace daño, pero Alcaraz se sobrepone a lo uno y lo otro, y termina desembarcando un año más en la penúltima ronda de un torneo que va haciendo suyo. “Aquí siento paz”.

Hacía precisamente un año que no lograba alcanzar esta cota en un torneo de la categoría 1000, de modo que se marcha satisfecho porque ya sea bueno, malo, regular o sencillamente un día práctico, caso de hoy, de lo que se trata a estas alturas es de vencer, recalca. “Las condiciones eran peores que las de ayer [frente a Grigor Dimitrov], así que el inicio del partido ha sido complicado para mí. Él tuvo muchas oportunidades en el primer set, pero yo aproveché las que tuve. Al final, el tenis va de ganar, no importa cómo lo ganas. No puedes estar pensando en hacerlo bonito todos los días. En días como los de hoy debes tener buena actitud y dureza mental. No he pegado a la bola tan limpio como ayer, pero he hecho lo que tenía que hacer”, expone. Y así es, a Alcaraz no le falta razón. Pregúntenselo si no a Nadal o a Djokovic (Roger Federer, eterno dandi, es la excepción).

Hay días que demandan el traje y la pajarita, y esos otros en los que el buen competidor debe ponerse el buzo y faenar picando piedra. Si ante Dimitrov se vistió de gala, Alcaraz percibe rápido que en esta ocasión le va a tocar arremangarse y bregar, currar a destajo porque enfrente tiene a un tipo de los que no se arruga —balance de 13-13 frente a top-10 y de 2-2 ante top-3— y al que también beneficia la pastosidad de esta pista en la que el juego transcurre de una forma más lenta de lo habitual. Se alargan los intercambios, condicionados por las ráfagas que se filtran por la estructura octogonal y abierta del recinto, y el pulso se desarrolla sin un dominador claro hasta que el número tres entiende que procede el pico y pala. Sufre en los tres primeros turnos de servicio, con opciones en todos ellos para Cerúndolo, y ponga donde ponga la bola, ahí que llegan la zancada corta (pero eléctrica) y la voluntad del argentino.

Va escapando del peligro y desde la esquina, Ferrero le dice que tiene que “tocarla bien”, harto difícil en medio de la ventolera. Aun así, termina calibrando el tiro y en el instante oportuno, cuando asoma finalmente la rendija, segunda opción de break, acaba consiguiendo el punto que desatasca el parcial. Logrado ese 5-3, no falla. Ante la aspereza, soluciones. Nada de enzarzarse desde la línea de fondo, sino que esta vez conviene lanzarse con todo a la red, más si cabe cuando el adversario, muy peleón, aguerrido y canchero él, le ha roto el servicio en la segunda manga y amenaza con desestabilizarle. Nada de eso. Mantiene Alcaraz el temple y obtiene réditos en las subidas —22 aciertos en los 31 intentos— para nivelar, y de ese 3-1 adverso se pasa al 4-4 y el coco empieza a llamar a la puerta de Cerúndolo, sorteado con un espléndido globo: toc-toc, aquí estoy, pequeño.

Poco a poco va cambiándole el gesto al bonaerense, 26 años y 26º de la ATP, porque ha perdonado demasiado en su momento —una de nueve en las opciones de quiebre— e intuye el despertar definitivo e irremediable de la fiera. Instinto acertado. Señor levantamiento. Y ejecuta con frialdad el de El Palmar en el desempate. “Era un día para sobrevivir, estoy orgulloso de lo que he hecho”, transmite. “Las condiciones eran realmente duras. No me sentía tan bien como otros días desde el fondo, así que tuve que buscar una alternativa para estar a su altura y yéndome a la red he competido mucho mejor”, aprecia una vez resuelto el pase a las semifinales, tras un episodio de claroscuros con el saque y convertido ya en el tercer hombre que logra encadenar cuatro presencias sucesivas en la penúltima ronda después de que lo hicieran Nadal (entre 2006 y 2013) y Djokovic (de 2011 a 2016).

Sin ceder ningún set, se topará el sábado con el inglés Jack Draper, otro que no ha hecho ninguna concesión hasta el momento. El británico, de 23 años y 14º del mundo, valor en alza, ha superado al cañonero Ben Shelton (6-4 y 7-4) e intentará redimirse del abandono en el cruce entre ambos en Melbourne a raíz de una lesión. Antes de ese encuentro interruptus de enero, un triunfo para el inglés en Queen’s (2024) y dos para el español en este mismo escenario (2023) y Basilea (2022). “Es muy peligroso, uno de los jugadores más complicados del circuito ahora mismo. Su derecha liftada bota mucho y su saque es potente; tiene ritmo desde el fondo, muchas velocidad y grandes golpes, así que tengo estar preparado”, zanja Alcaraz, mientras el programa deparará el choque entre el ruso Daniil Medvedev (6-2, 2-6 y 7-6(7) a Arthur Fils) y el danés Holger Rune (5-7, 6-0 y 6-3 a Tallon Griekspoor) en la otra semifinal.

KEYS, LA TENISTA DEL MOMENTO

A. C.

Podría pensarse en Aryna Sabalenka o Iga Swiatek, pero no. La tenista que hoy día marca el paso y gana sin cesar no es otra que Madison Keys, después de largo tiempo de intentos frustrados. La estadounidense, de 30 años y quinta del mundo, enlazó su decimosexta victoria de la temporada (doble 6-1 a la suiza Belinda Bencic) para acceder a las semifinales del torneo y consolidar así su magnífico momento.

Se enfrentará la próxima madrugada a la bielorrusa, mientras que por el otro lado chocarán la polaca Swiatek y la joven Mirra Andreeva, quien sigue brillando (7-5 y 6-3 a Elina Svitolina) después de haber triunfado recientemente en Dubái. Hasta ahora, Keys no ha perdido ningún partido y se ha coronado en Adelaida y el Open de Australia, a la vez que nunca había llegado tan lejos en California.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza
Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Autor de ‘¡Vamos, Rafa!’.
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