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La falta de equipos de rescate y víveres agrava la tragedia tras el terremoto en Myanmar

La junta militar birmana cifra en 2.719 los muertos tras el terremoto del viernes, mientras en Tailandia suman 21. La OMS advierte del riesgo de cólera

Terremoto en Myanmar
Inma Bonet

La magnitud de la tragedia que golpea Myanmar desde el terremoto del pasado viernes es cada vez más palpable. En las ciudades de Sagaing y Mandalay, ubicadas a menos de 20 kilómetros del epicentro del seísmo, no hay suministro eléctrico ni agua corriente, y cientos de personas están viviendo a la intemperie, según han relatado testigos a EL PAÍS. El balance de víctimas es ya de 2.719, pero podría superar los 3.000, según ha informado este martes el general birmano Min Aung Hlaing, en un discurso televisado. El líder de la junta militar en el poder también ha comunicado que ya hay 4.521 heridos y 441 desaparecidos. El Servicio Geológico de Estados Unidos estima que el número de muertos podría superar los 10.000. La Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y la Media Luna Roja afirma que “el nivel de devastación que estamos presenciando no lo habíamos visto en Asia en un siglo”.

Entre los supervivientes, la desesperación crece. A las pérdidas humanas se suma el miedo constante a las réplicas que siguen golpeando la región y causando nuevos daños. Miles de personas han dormido al raso desde hace cuatro noches, mientras que los enormes deterioros en las infraestructuras y la escasez de recursos están dificultando las operaciones de rescate. Al menos tres hospitales están completamente fuera de servicio y 22 han sufrido desperfectos, lo que impide su funcionamiento real, según han evaluado miembros de la Organización Mundial de la Salud. El organismo de la ONU también ha alertado del elevado riesgo de que se produzcan brotes de enfermedades como el cólera.

“La situación en Mandalay es peor de lo que había pensado”, asegura a este diario Haider Yaqub, director de Plan International en Myanmar, quien acaba de regresar a Yangón desde Mandalay, donde ha estado evaluando con su equipo las necesidades. “Lo que he visto son padres, con sus hijos y un par de pertenencias, delante de las que eran sus casas, pero sin poder entrar. Están esperando que alguien los ayude. Otros muchos han perdido a sus familiares dentro”, relata.

Personal de rescate junto a los escombros de un edificio colapsado en Mandalay, este lunes.

Yaqub describe una ciudad medio en ruinas, donde el único suministro eléctrico proviene de generadores, el agua potable escasea y no existen baños e instalaciones sanitarias para la población que está viviendo en la calle. “No es por cuestión de pobreza, es que se han quedado sin nada. Sus bienes han desaparecido”, insiste. Yaqub detalla que, además de alimentos, se necesitan otros tipos de suministros, como encendedores, tiendas de campaña o esterillas donde dormir. “Pero Myanmar no tiene solo una crisis; esta es una nueva añadida a las que ya había”, enfatiza Yaqub.

Para agravar aún más la situación, la guerra civil que asola Myanmar desde hace cuatro años ha complicado los esfuerzos para asistir a los heridos y a quienes se han quedado sin hogar tras el mayor terremoto que ha sacudido el país en cien años. A pesar de la destrucción y de la necesidad de intensificar las labores de emergencia, el Gobierno de Unidad Nacional (NUG), que se declara la autoridad legítima en la semiclandestinidad, y la oficina de derechos humanos de la ONU aseguran que la junta militar birmana (en el poder desde el golpe de Estado de 2021) sigue bombardeando zonas controladas por los grupos opositores.

“Las carreteras para llegar hasta Sagaing y Mandalay han quedado destrozadas y, las que no lo están, están en muy malas condiciones por el conflicto bélico”, explica a este diario Maria Àngels Viladecàs cofundadora de Colabora Birmania y responsable de proyectos en terreno desde Mae Sot (Tailandia), a cuatro kilómetros de la frontera con Myanmar. Su fundación está en contacto directo con otras organizaciones locales birmanas, con las que están coordinando los envíos de ayuda. “Ahora mismo hay muchos puntos calientes en los que peligra la seguridad de la gente que pueda entrar; tanto de la gente como de las mercancías”, apunta. “Les hace falta agua, comida, bolsas para cadáveres… Hay pocos equipos de rescate y con pocos recursos. Están trabajando contra el reloj y en muy malas condiciones”, detalla.

Puente colapsado tras el terremoto en Sagaing, este lunes.

Mientras, en Tailandia, las esperanzas de encontrar supervivientes entre los escombros del rascacielos que se derrumbó en Bangkok se desvanecen. La capital tailandesa, ubicada a unos 1.000 kilómetros del epicentro del sismo, es la única ciudad que ha reportado fallecidos fuera de Myanmar. Este martes, el gobernador de la ciudad, Chadchart Sittipunt, ha comunicado que no se están detectando signos vitales entre las ruinas donde aún permanecen atrapadas más de 70 personas.

Los equipos de rescate, que en los primeros días habían priorizado la búsqueda con perros rastreadores, drones y herramientas manuales, se preparan ahora para excavar a más profundidad con la ayuda de maquinaria pesada, un método que se había evitado por el riesgo de provocar nuevos desprendimientos. En las primeras horas tras la catástrofe, los especialistas en emergencias localizaron a unos 15 supervivientes, pero, desde entonces, solo han recuperado cuerpos sin vida, 13 en total, ocho hombres y cinco mujeres. En Bangkok se ha confirmado de momento la muerte de 21 personas a causa del temblor.

Los vídeos del momento del colapso de esta torre en construcción fueron de los primeros en dar la vuelta al mundo tras la fuerte sacudida. El inmueble, de unas 30 plantas y 137 metros de altura, estaba destinado a albergar la Auditoría del Estado. Allí había unos 320 obreros trabajando; la mayoría consiguió salvarse, pero decenas quedaron atrapados. Si bien Bangkok no se encuentra cerca de una falla geológica, está construida sobre un suelo aluvial relativamente inestable, a orillas del río Chao Phraya. La urbe, de 12 millones de habitantes, lleva mucho tiempo hundiéndose bajo el peso de sus edificios, lo que llevó a las autoridades a imponer nuevos estándares de seguridad y calidad.

Trabajos de búsqueda de desaparecidos entre los escombros de un rascacielos en construcción en Bangkok, este martes.

Aunque unos 170 edificios sufrieron daños a causa del terremoto, este fue el único de toda la ciudad que quedó hecho añicos. El Gobierno ha iniciado una investigación para esclarecer los motivos del derrumbe y determinar si el diseño cumplía con las normativas. El desarrollador inmobiliario a cargo del proyecto es Italian Thai Development y la constructora es una subsidiaria de China Railway No. 10 Engineering Group, que opera bajo el grupo estatal China Railway Engineering Corporation, una de las mayores empresas de construcción e ingeniería del mundo. Las autoridades han informado de que existen serias dudas sobre la calidad de las varillas de acero que se utilizaron para reforzar los pilares de hormigón.

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Sobre la firma

Inma Bonet
Es la colaboradora de EL PAÍS en Asia desde 2021. Reside en China desde 2015, primero como estudiante de chino y de un máster en Relaciones Internacionales en la Universidad de Estudios Extranjeros de Pekín (BFSU), y luego como periodista. Antes de unirse a este diario trabajó en televisión y radio.
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